Antonio Becerril no es un actor que se conforme con repetir fórmulas. Egresado del CUT de la UNAM, con más de treinta puestas en escena y una carrera que lo ha llevado del teatro al cine y la televisión.

Hoy se enfrenta a uno de los retos más singulares de su trayectoria: interpretar a Mateo, un androide que despierta conciencia propia en Futuro Desierto, la nueva apuesta de ciencia ficción de Netflix.

En charla con Esjappi, Becerril se muestra entusiasta, reflexivo y con la energía de alguien que sigue jugando como cuando era niño, pero ahora en un escenario global.

“Normalmente uno como actor entiende las acciones desde las emociones. Pero aquí no estamos pensando en emociones, porque las emociones son humanas, biológicas. Estos androides son un experimento para agradar a las personas, para generar empatía y confianza. Aunque no tienen emociones, actúan emociones. La paradoja es esa: cómo actuar que actúas emociones. Y ese juego fue muy divertido”

El trabajo físico fue fundamental: “Había que imaginar cómo se movería un sistema avanzado sin caer en el cliché del robotsito. Me gusta mucho trabajar la fisicalidad de los personajes. Imaginar cómo se mueven me ayudó a llegar a ese vacío emocional: actuar emociones sin sentirlas, y al mismo tiempo entender la organicidad física del personaje”.

Mateo atraviesa dos etapas: primero la obediencia mecánica, después un reinicio que lo ilumina.

“Ese reinicio le da una especie de despertar. En la segunda parte ya no era un juego del vacío, sino de una conciencia distinta”

La directora lo describía como un guía, casi un mesías tecnológico. Becerril lo explica así: “La inteligencia artificial siempre busca generar empatía. Este proyecto conecta mucho con lo que vivimos hoy en día”.

Ciencia ficción mexicana en Netflix

El actor celebra que plataformas como Netflix apuesten por este género.

“Hace cinco años pensar que una IA pudiera escribir guiones o resolver aspectos técnicos parecía fantasioso. La ciencia ficción se vivía como algo lejano. Hoy ya es parte de lo cotidiano. Por eso creo que habrá un auge de proyectos que cuestionen nuestra relación con la inteligencia artificial”

La experiencia lo llevó a reflexionar sobre el impacto de la IA en la industria.

“Hay un tema ético muy importante. El desplazamiento del trabajo es una preocupación real para quienes nos dedicamos al cine, al doblaje, a la edición, a la animación.

Yo a veces soy pesimista. Los que trabajamos de manera más artesanal sentimos que nos estamos empezando a quedar desplazados. Ya se están viendo proyectos donde te graban y generan tu película sin que tengas que actuar. Ese futuro está cerca.

Pero tampoco hay que satanizarlo. Sí existe una preocupación laboral, pero también pienso que, si lo vemos como herramienta, podemos ocuparla a nuestro favor. Puede ser una amenaza, pero también una herramienta valiosa si sabemos usarla”.

Volver a ser niño

Interpretar a un androide fue un sueño cumplido.

“Es de esas experiencias que uno sueña como actor: cuando eres niño y juegas a ser robot. Este proyecto me hizo sentir como un niño otra vez. Desde que fui seleccionado estaba feliz, porque no sé cuántas veces más en mi vida voy a tener la oportunidad de interpretar a un robot”.

A ese niño le diría: “Lo logramos. Estamos haciendo lo que queremos, vivimos de lo que nos apasiona. Es duro, frustrante a veces, trabajoso, pero lo estamos haciendo. Casi casi nos pagan por jugar. Yo no vengo de una familia de artistas, empecé desde abajo, con el apoyo de mi madre, y ha sido difícil llegar a ciertos lugares, pero he llegado. Esa satisfacción de conseguir lo que hemos luchado durante más de 20 años es lo que le diría a mi niño: que esté feliz”.

Auto-opsia y el poder de crear

Además de integrarse a proyectos importantes, Becerril impulsa su propia compañía: Auto-opsia, en donde encuentra un espacio para seguir creando y autogestionarse.

“Antes se pensaba que el actor era solo intérprete, que debía esperar a que lo llamaran. Pero desde la escuela me dijeron: ‘No puedes esperar, porque te vas a detener’. Cuando no tengo trabajo, escribo mis proyectos, mis obras de teatro, gestiono.

Uno de mis proyectos es una obra sobre Frankenstein. El acto de crear te hace sentir grande, como le pasa al doctor Frankenstein. Mi compañía se llama Autopsia, de auto (a sí mismo) y opsia (mirarse). Es mirarse a uno mismo.

De eso van mis proyectos: de reflexionar. El teatro siempre nos mueve a revisar quiénes somos, de dónde venimos, cómo afectamos al entorno. Uno espera salir del teatro con emociones movidas y con la pregunta: ¿quién soy ahora?, ¿quién soy en mi sociedad?, ¿quién soy con la naturaleza?”.

La fuerza de seguir adelante

En la carrera de actuación se coleccionan más «no» que premios de la academia; sin embargo, la pasión mantiene ese sueño encendido, algo que Becerril persigue desde que era niño.

“Soy muy necio. Desde niño esa ha sido una de mis características: si alguien me decía que no lo iba a lograr, yo me empeñaba hasta conseguirlo. La terquedad puede llevar a lugares dolorosos, pero la tenacidad te lleva a lugares grandiosos.

La carrera te curte. Son tantos los ‘no’ que la satisfacción de un ‘sí’ vale muchísimo. Cuando me quedé en Futuro Desierto no lo podía creer. Pensaba que nunca estaría en un proyecto de plataforma. Lo mismo me pasó con mi primera película: yo creía que toda mi vida sería teatro. Y ojo, el teatro no es un medio intermedio hacia el éxito, es un arte distinto, tan bello y valioso como el cine. Pero sí pensaba que siempre estaría ahí. Cuando me seleccionaron para cine, entendí que era posible”.

Antonio Becerril vive Futuro Desierto como un punto de inflexión y un reto actoral que lo conecta con la discusión global sobre la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, lo reafirma como creador

By Eridani Salazar

Me encantan los videojuegos, la música que conecte con mis emociones y cargar la pila con uno que otro chismecito.

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